En Tíbet, los mensajeros entregan un menaje escrito, pero también dan una versión oral que puede ser muy distinta. En épocas remotas los bandidos acechaban a los mensajeros y procedían de acuerdo al mensaje escrito, atacando a una casa mal defendida o a una procesión. Se adquirió el hábito de escribir un mensaje falso que a menudo atraía a los bandidos adonde podían ser capturados. Esa vieja costumbre de mensajes escritos y orales era una superviviencia del pasado. Aún en mi época, a veces los dos mensajes diferían, pero siempre se aceptaba como correcta la versión oral.
Lobsang Rampa, El tercer ojo